Tuesday, August 28, 2007

Beware of my wrath.

Wednesday, August 08, 2007

Transfusión de hachas

Hoy tendría que haber hecho muchas cosas: tenía que ir a conseguirle a mi hermana una cama, choferear a la misma hacia una bruja para que le hiciera una limpia (sí está re-salada la pobrecita) y luego ir de compras; pero en vez de eso, agazapado detrás de mi ridícula taza gigante de los thundercats, mandé a mi madre literalmente a la mierda, poniendo como pretexto el tatuaje. "No puedo manejar bien" o "Es que me duele cuando me recargo", blah, blah, blah. Como buena madre que conoce bien a su cachorro, respondió, mientras sonreía: "¿Y m., cómo está?".
Los pocos que quedaban el sábado en casa de Cecilia a las tres de la mañana notaron la punta del iceberg de la ira terrible, como le llamaba mi padre; luego, los que choferé a la casa de Julie notaron el ceño fruncido y la mirada en blanco y la indiferencia total hacia la seguridad propia y ajena. Y es que cada vez que preguntan: "¿Todo bien?" o "¿Qué tienes?", me trabo y sólo me crece la vena en la sien. ¿Cómo contesta uno eso? De por sí soy malo hablando y mi dicción apesta (no tanto como el compa Maza), y luego, ¿cómo mierdas expones el mojón que cae del esófago directamente a tu estómago sin sonar como un marica? La mariposa en el estómago se convierte en un demonio alado que cada vez que aletea te razga un cachito de alma y salpica una memoria a tu cerebro.
¿Qué es lo que haces, cuando la mujer a la que amas deja de importarle? Y sale con el clásico: "No eres tú, soy yo", lema del comercial de la peor cerveza de México. Y claro que sabes que eres tú, que no eres lo suficientemente divertido o interesante o afable o amigable, o dijiste cosas que no debías, o hiciste cosas que no debías hacer, o cosas que dejaste de hacer, o cosas que dejaste de decir, o cosas que no diste, o que no supiste dar.
Tonterías que le molestaron, ex-novias y amigas que la pusieron celosa y debiste dejar de ver; un mal paso que diste en una cumbia, que la hizo asquearse de tu falta de ritmo al bailar; hablar sucio en la cama, que la hizo pensar que eras un pervertido; cervezas con los amigos en un miércoles, que la hizo pensar que eras un alcóholico; un sexto de un churro de mota cada semestre, que la hizo pensar que eras un pacheco; tatuajes inmensos en tu espalda, costillas, hombro y brazo, que la hizo pensar que te gusta hacerte daño; rumores de sus amigos, que la hicieron pensar que eras un pirujo; el mal genio, siempre presente, que la hizo ver lo cambiante que eres; lo estúpidamente antiguo que eres: honor, fidelidad, lealtad, amor, venganza, que le hizo ver lo de-hueva que significa, en el tercer milenio, mantener una relación con un bastardo de la Vieja Escuela; ser confiable, innegable, constante, sincero, que, inconscientemente, le hizo darse cuenta lo manejable que eres; poner a los amigos en segundo término, que la hizo ver lo decidido que puedas llegar a ser; tu tendencia a recrear el mundo a putazos, que la hizo ver lo cavernícola que eres; tu complejo de héroe, que la hizo ver lo pendejo que llegas a ser por ideales caducos y olvidados; lo brillante que eres, que sumado a tu innata hueva, la hizo darse cuenta de lo inútil que eres.
Lo mucho que la amas, que la hizo ver que estarías ahí siempre.
¿Y qué es lo que haces? Pues escribes, ya que no sabes hablar.
Regresas de Cozumel y ves que no hay nadie que observe cómo cambia el tono de tu piel en contraste con lo bronceado y con lo pálido que cubrió el traje de baño; nadie con quien despertar en cucharitas; nadie a quien besar al despertarte; nadie a quien llevarle el desayuno a la cama; nadie con quien compartir un domingo de ocio con películas rentadas o en el cine para regresar y hacer el amor y dormir.
Y quito su foto de mi lámpara, pues no quiero recordar los momentos felices pasados, sino asegurarme de que haya futuros. Pero no me atrevo a quitar su auto-retrato de mi estudio, que me recuerda que ella es, y que yo soy soy. Y que si somos o fuimos o seremos depende de no sé qué, porque ya ví que no depende de mí.
Y le mando mensajes de texto de "te amo", pero ella sigue sin responder.
Y llevo ya seis vodkas desde que terminé de hablar con ella por teléfono y empecé este post, y sé que lo leerá y le molestará, pero no lo hago con esa intención. Y sé que esto es un bache en mi psique, pero igual no deja de doler como la chingada. Y sé también que ella no volverá por esto que escribo. Y de hecho, sé que esto que escribo no servirá de gran cosa, pero sentí que tenía que hacerlo. Así, por lo menos, dudarán antes de preguntarme el clásico: "¿Todo bien?", porque no sé hablar, y prefiero escribirlo.
Hace siete meses que murió mi padre. No solté ni una gota de sudor en su velorio de dos días o en su cremación, no digamos una lágrima. Y aquí estoy, llorando como quinceañera por la mujer más excepcional que he conocido. ¿Qué hubiera hecho Hemingway, o Bukowski, o Chejov o mi padre? Probablemente me hubieran partido la madre por puto y luego me hubieran invitado un trago. Pero ninguno está aquí, y tengo que ser cursi a mi modo.

Y también sé que desde que el primer Austrolopithecus inventó el ritmo con el tambor de una piedra contra otra, la música ha intentado definir lo que cada uno siente. Así que ahí les va: música que intenta expresar cómo me siento -si es que a alguien le importa una mierda-:
Primer síntoma de amor no correspondido: escuchar una y otra vez las mismas canciones.

Transfución, La Castañeda
Maligno, Los Aterciopelados