Saturday, May 21, 2011

La extrañeza padre -mas no la padre extrañeza- (o dominó y cervezas con Henry Plainview)

Extraño a mi padre. Extraño, mi padre. Siempre con adusta mirada, la gente se cagaba de miedo cuando lo veía. Inclusive en su sueño, parecía un león veterano que a la menor provocación podía arrancarte la vida de un zarpazo.
Extraño a mi padre. La vez que yo venía cagado a mis desacolmillados 19 años después que la Brenda me plantó cinco horas sólo para regresar a verme ebria con otro vato, me dijo muy serio: 'Si serás pendejo. No te quiere y ya. Ale, toma estos cien pesos y cómprate unas cervezas. Después de un par de caguamas te darás cuenta.'
Fui por cinco caguamas justo. Justo había oferta (justo que hubiese oferta). Después de la segunda caguama, entre el rumor de la ficha, yo seguía mentando madres y preguntándome por qué no me quería. Mi padre, a sus 73 años cumplidos, reaccionó: 'Estás muy verde, hijo. Las mujeres no se acaban. Uno se acaba a las mujeres; y la única que te debe acabar, es tu mujer. Se acabó.' Ahorcó mi mula de güeras como para darle énfasis al asunto.
Extraño a mi padre. Extrañeza personificada a la que nunca nada le extrañó. Personificada extrañeza extrañada por extraños y propios.